
Tongeren es la ciudad más antigua de Bélgica, fundada en el año 15 a.C como base de suministro de las tropas romanas de la región de Renania, al norte de Francia. La Atatuca Tungrorum romana pronto se convirtió en un importante centro comercial.
Hoy en día se halla situada en las laderas de Haspengouw, un vasto paisaje verde de fértiles llanuras. Tiene una superficie de 8500 hectáreas. El primer emplazamiento conocido fue un campamento militar romano, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades más importantes al norte de la Galia. La primera muralla romana, del siglo II, símbolo de la antigua grandeza y el poder, es un conocido testigo de la ocuapción romana. En la plaza del pueblo está la célebre estatua de Ambiorix, quien resistió las legiones de Julio César.
El Museo Galo-Romano está situado en el corazón de Tongeren, en el punto exacto donde fue construida una gran villa romana de lujo. El archivo arqueológico subterráneo de Tongeres es uno de los más importantes e interesantes. Cerca de la Basílica se hallan los restos arqueológicos de una torre romana del siglo IV.
Uno de los monumentos más notables de la ciudad es la Basílica de Nuestra Señora, con su campanario de 64 metros de alto. Esta maravillosa iglesia está construida en estilo gótico y alberga una enorme colección de preciosos objetos de arte. Merece también la pena visitar el famoso y colorido Beguinaje de Tongeren.
La población de la ciudad aumentó considerablemente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Gracias en parte a la incorporación de aldeas vecina, la población se ha duplicado en los últimos veinte años, y ahora se sitúa en tornos a los treinta mil. Muchos de sus ciudadanos trabajaban en la industria de Lieja, pero tras el cierre de las minas de carbón y la racionalizazión de la industria siderúrgica en los años setenta y ochenta, este modo de trabajar llegó a su fin.
La ciudad hoy participa activamente del puerto de Maastricht y ha logrado importantes vínculos económicos y comerciales con Taiwán.
Los domingos, el antiguo mercado atrae por sí solo a miles de visitantes, muchos de ellos desde el otro lado de las fronteras. Tongeren es una ciudad donde la historia aún vive y respira por sus calles. Pero también es un rincón joven, con un corazón dinámico, una perfecta simbiosis que debéis conocer y vivir aprovechando que comienza la temporada baja.
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