Primera Guerra Mundial: el papel de Bélgica antes de la guerra

Bélgica en guerra

Situada entre dos de las grandes potencias europeas de principios del siglo XX, Francia y Alemania, Bélgica era un país estratégicamente situado que gozaba de una larga neutralidad curiosamente amparada y respetada no solo por estos dos países, sino por las otras tres grandes potencias del momento, Gran Bretaña, Austria y Rusia.

Cuando el 28 de junio de 1914 Gavrilo Princip atentó contra el archiduque Francisco Fernando de Austria, Bélgica aún enarbolaba la bandera de la neutralidad con la cada vez menor certeza de que hechos luctuosos como aquél no tenían por qué afectarle.

Sin embargo, la suerte del país, en un mundo convulso, estaba echada desde el mismo momento en que el general alemán Alfred Von Schlieffen, jefe del Estado Mayor, elaboró un plan bélico que prevenía un enfentamiento con rusos y franceses, sus principales enemigos.

El conocido como Plan Schlieffen planteaba, en primer lugar, contener a las tropas rusas en el Este mientras en el Oeste se lanzaba una rápida ofensiva que rodeara el sistema defensivo para penetrar en territorio galo y derrotara en poco tiempo a Francia, para después reunir las tropas y lanzar una segunda ofensiva contra Rusia.

Aquella estrategia planteaba la invasión de Bélgica por el norte de Luxemburgo y el posterior avance por todo su territorio antes de entrar en Francia.

Bélgica tenía, pues, con este plan, su destino sellado en caso de una guerra, que a todas luces se planteaba inevitable.

El Congreso de Viena de 1814-15 había fijado un concierto europeo que equilibraba los poderes entre cuatro grandes naciones: Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. A ellos se uniría tres años después Francia, y entre los cinco se comprometieron, a través de la diplomacia, a respetar las fronteras de todos los países europeos y luchar por la paz.

Sin embargo, la revolución belga de 1830 que desembocó en la independencia del país pareció alterar aquellos planes. Sin embargo, la flexibilidad de aquellos cinco países lograron solventar la situación admitiendo la creación de un reino independiente belga en la zona de los Países Bajos, y otorgándole a Bélgica un estátus de neutralidad que todos habrían de respetar.

El propio Luis Felipe, rey de Francia, años después, consideraría a Bélgica la “piedra angular del equilibrio europeo”, y es que efectivamente, su situación geográfica la colocaban como frontera natural entre Francia, y Prusia (posteriormente, Alemania).

Amparada en esa neutralidad bien ganada, Bélgica se convirtió con Gran Bretaña en uno de los dos países europeos que mejor supieron adaptarse a la revolución industrial, lo que contrastaba sobremanera con la delicada situación interior que el país vivía a principios del siglo XX, con conflictos sociales, problemas raciales y de lenguas y una estructura que pronto se quedó obsoleta.

Su honrosa neutralidad por un lado le garantizó paz exterior, pero por otro socavó los cimientos de su estructura militar, con recursos y táctica antiguas.

Muchos en Bélgica sabían que aquella neutralidad, en los albores del siglo XX, se rompería en caso de conflicto armado entre franceses y alemanes, pero aún así, seguían defendiendo con fuerza su posición política. Rechazaron así a los británicos cuando éstos les pidieron paso en su territorio para enviar un cuerpo expedicionario preventivo que iba camino de Francia, y por otro lado, también rechazó a los alemanes cuando el gobierno de este país le sugirió anexionarse el Flandes francés, Artois y las Árdenas francesas.

Cuando en el transcurso de esta última reunión, ante la negativa belga, el kaiser Guillermo II afirmó que si Bélgica no la secundaba solo se guiaría por consideraciones estratégicas, la postura germana quedó más que clara.

Bélgica sería el lugar de paso de las tropas alemanas en su camino a Francia.

Así lo supieron los belgas, y así se aplicaron en la confección y remodelación de su ajado ejército. En primer lugar se reformó el servicio militar en el año 1913, haciéndolo obligatorio y universal, de modo que ya no solo entrarían en el ejército las clases más humildes, sino también los potentados. En segundo lugar, se aumentó el presupuesto militar, organizando el alto mando y rearmando las tropas.

Tras el atentado de Sarajevo, con escaso tiempo aplicado para la modernización de su ejército, Bélgica se lanzó desesperadamente en busca de apoyos que le permitieran mantener la paz, y recordando los antiguos tratados del año 1831 por el que las cinco potencias europeas se comprometían a respetar sus fronteras.

Sin embargo, el silencio alemán y por otro, la retirada de las tropas francesas a diez kilómetros más atrás de la frontera belga, no presagiaban nada bueno.

Cuando Austria declaró la guerra, con el apoyo de Alemania, a Serbia, y Rusia lo hizo a austríacos y alemanes en defensa de los serbios con quienes tenían un acuerdo, la suerte belga quedó echada.

La violación de la neturalidad del ducado luxemburgués fue el detonante y el primer paso de una Gran Guerra que se antojaría cruel.

Mas Bélgica no se rindió. Su elección fue la de defenderse ante la invasión alemana…

Continuación: BÉLGICA EN GUERRA

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