Una historia de rebeldes en Bruselas

Petit Sablon

Felipe de Montmorency, caballero de la Orden del Toison de Oro. Lamorald, también caballero de la misma orden. Conde de Horn el primero. Conde de Egmont el segundo. Ambos, militares de rango en el Condado de Flandes bajo las órdenes del rey español Felipe II; los dos, cultivados culturalmente en la Corte española, e incluso Lamorald, primo del monarca. Comandante el Conde de Horn de la conocida flota española; vencedor de las tropas francesas en la batalla de San Quintín el conde de Egmont.

Reconocidos méritos los de ambos para que en cualquier otra ocasión hubieran finalizado sus vidas como grandes héroes nacionales de España, y sin embargo, curiosamente los dos terminaron como grandes héroes nacionales, pero de los Países Bajos. Lo que no consiga la iglesia…

Historia de los condes de Horn y Egmont

Como gobernantes en los Países Bajos, los dos acabaron uniéndose a Guillermo de Orange y enfrentados al rey Felipe II por mostrar su oposición al establecimiento de la Inquisición y a la ausencia de libertad religiosa en aquel territorio. Ante tal sublevación, y queriendo mostrar su supremacía en el gobierno, el rey español acabaría por mandar a los Países Bajos al Duque de Alba quien apresó a ambos condes y tras un rápido y seguramente “imparcial” juicio, los condenó y posteriormente ejecutó en la misma Grand Place, justo enfrente del Ayuntamiento bruselense.

Ejecución del conde de Egmont

Ejecución del conde de Egmont en la Grand Place de Bruselas

Hoy, como grandes héroes de la historia belga y ejemplos del espíritu siempre rebelde de los flamencos, sus figuras se yerguen altivas en una de las plazas de Bruselas, la del Petit Sablon, un plácido rincón de la ciudad que no muchos turistas conocen y del que se disfruta por la paz y tranquilidad que se transmite.

Más información: plaza del Petit Sablon

Visita a la Plaza del Petit Sablon

Absorto, con un libro en la mano y con un pequeño café, en la otra, sentarse en uno de sus bancos es uno de esos raros placeres que pueden disfrutarse en una gran urbe como es la capital belga, donde el tráfico y la marea de turistas que se arremolinan en la cercana plaza central o en el entramado de callejas que conducen hasta el Manneken Pis, convierten por momentos a Bruselas en una caos urbano.

Es mi pequeño rincón, mi gran descubrimiento de hace unos años, y uno de los sitios a los que siempre que puedo me acerco para relajarme y apartarme del ruido que da vida a esta ciudad.

El Sablon se encuentra en la zona del Mont des Arts, en la rue Royale, a escasa distancia del Palacio Real en dirección al tradicional barrio de Les Marolles.

El Sablon cuenta con dos jardines bien diferenciados: el Grand Sablon y el Petit Sablon, y entre ellos, una de las iglesias más bellas de la ciudad, Notre Dame du Sablon, un ejemplo clásico del gótico brabantino del siglo XV. Pero de estos dos jardines, es el Petit Sablon aquél que se ha ganado todas mis bendiciones.

Para saber más: la iglesia de Notre Dame du Sablon

Porque allí, pequeño como es, es capaz de retener todo el silencio de la ciudad, y ofrecernos su diseñada belleza en forma de árboles, fuente y estatuas. Amortiguado por el sonido de la pequeña cascada que abona esa fuente, se alzan en derredor las figuras de célebres personajes de la historia belga, como Mercator, el gran cartógrafo. Junto a ellas, las 48 columnas representativas de los diferentes gremios medievales que dieron lustre a esta ciudad, y en el mismo centro la gran estatua de los condes de Egmont y Horn.

Diseñado y creado en el siglo XIX por el arquitecto Henri Beyaert fue todo un merecido homenaje a todos aquellos personajes célebres y no célebres que fueron dando forma a los Países Bajos hasta dar forma al por entonces recién nacido país independiente de Bélgica.

Es ésta otra forma de hacer turismo en Bruselas; una que a mí particularmente me encanta y que siempre he intentado poner en práctica a lo largo de todos mis viajes: conocer la cultura y sus lugares más interesantes a través de su Historia.

Todos los países cuentan con hechos históricos que forjaron su identidad, que le dieron forma y que los presentaron al mundo tal cual son hoy día, y evidentemente, Bruselas no podía ser menos.

A través de este Petit Sablon no solo pude acercarme a aquellos momentos históricos de su independencia, sino también a la particular historia de ambos condes y a la revuelta que llevó a Flandes a enfrentes a la dominante España de aquel siglo.

Y no hay más que volver la vista atrás para descubrir tantos y tantos hechos históricos que dejaron marcada su impronta en diferentes zonas de la ciudad. Porque no solo podemos hablar de aquella ejecución en la Grand Place, sino también de la historia de Everard t’Serclaes, otro héroe belga cuya dorada estatua yaciente se ha convertido en otro símbolo de la ciudad, o pasear por las turísticamente desconocidas antiguas fortificaciones de la ciudad visitando alguna puerta de entrada de la antigua ciudad, como la Halle Gate, o incluso introducirnos en la cultura más tradicional belga a través de viejas leyendas e historias urbanas, como la propia del Manneken Pis.

Bruselas, como otras ciudades belgas, es para conocerla a través de sus historias, porque, queda dicho, ellas son las que forjaron su carácter independiente.

Puedes conocer muchos más lugares e historias tanto en esta web sobre Bruselas, como en la página oficial de turismo de la capital belga.

Información práctica para viajar a la capital belga

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2 comentarios

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  1. Muchas gracias por recuperar esta historia y por proponer un lugar tan atractivo para disfrutar en Bruselas

  2. De nada. Un placer. Ésta es una de las zonas de Bruselas que más me gusta para pasaer y relajarme. Un saludo.

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