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Jacques Brel en Bruselas

Jacques Brel sigue siendo uno de los grandes cantautores que ha dado el siglo XX. A día de hoy se le continúa honrando como un héroe moderno en Bélgica, y seguro que muchos de vosotros o bien no habréis oído hablar de él o en alguna ocasión os enamoró alguna de sus canciones. Su voz, casi tan arraigada como la de Edith Piaff, se acompañó siempre de un piano, la guitarra, una batería o un acordeón.

Sus temas abarcaban desde el amor a la introspección y la crítica social, sobre todo en canciones tan conocidas como Madeleine, Jojo o la clásica Ne me quite pas. Posteriormente, llegó a participar en el cine, y escribió un musical sobre la figura de Don Quijote, que, con el nombre de El Hombre de la Mancha, se convirtió en un éxito en Broadway.

A pesar de que nació en Bruselas, se le conocen sobre todo sus años en Francia. Después de trabajar en una fábrica de cartones en la capital belga, se trasladó a París con su esposa y sus dos hijos, donde encontró la fama como artista. Brel nunca negó sus raíces belgas, y varias de sus canciones fueron grabadas en flamenco y en francés. A menudo cantaba a su patria, como las canciones Bruselas o Jacky.

Su propia hija decía: “Francia es el padre intelectual de Brel, pero en mi casa no se ha dejado de comer patatas fritas con mejillones, y una buena cerveza belga. Mi padre pertenece a Bélgica. Es su forma de ser”.

El 9 de octubre pasado se celebró el 31 aniversario de su muerte. Todos los años, La Fundación Internacional Jacques Brel de Bruselas le recuerda con un sentido homenaje. Durante estos años se han venido celebrando exposiciones, festivales de cine y espectáculos de fuegos artificiales.

La Bruselas con sus suelos de piedra mojados, su olos a gofres y patatas fritas con mayonesa y cerveza, es la que vio crecer a Jacques Brel. En la Fundación Jacques Brel os pueden ofrecer un folleto turístico para recorrer los lugares asociados al cantante en la capital belga. La visita comienza en la Morte Subite, en la rue Montagne aux Herbes, un bar frecuentado por Brel.

Desde allí, la ruta nos lleva por distintas salas de jazz a las que asistía Brel, hasta llegar a la magnífica Grand Place, donde Brel se solía parar en todos sus bares y restaurantes. Su favorito era Le Roy d’Espagne, con su hermosa chimenea y sus vasos de Leffe. En Bruselas, hay incluso una estación de metro que lleva el nombre de Jacques Brel.

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