
Viajar a Gante con niños es una de esas decisiones que suelen sorprender incluso a quienes conocen bien Bélgica. Muchos viajeros organizan su ruta pensando en Bruselas o Brujas y dejan Gante para una visita rápida de unas horas. Sin embargo, cuando se recorre la ciudad con calma y desde la perspectiva de los más pequeños, uno descubre que reúne todos los ingredientes para convertirse en uno de los destinos familiares más agradables del país.
No es una ciudad gigantesca donde haya que caminar kilómetros para llegar de un lugar a otro, tampoco resulta agobiante por el tráfico, y conserva ese ambiente tranquilo que permite disfrutar del viaje sin prisas. A eso se suma un casco histórico que parece sacado de un cuento medieval, un castillo que invita a imaginar caballeros y princesas, barcos navegando por sus canales, plazas donde los niños pueden correr sin problemas y numerosos rincones capaces de despertar su curiosidad. Lo mejor es que casi todo puede hacerse caminando, algo que cualquier padre agradecerá después de varios días de viaje.
Los adultos solemos fijarnos en la arquitectura, en los edificios históricos o en la importancia que tuvo Gante durante la Edad Media. Los niños, en cambio, observan el mundo de otra manera. Ellos ven torres altísimas, murallas, puentes, barcos, campanas gigantes y callejuelas que parecen esconder aventuras. Por eso Gante funciona tan bien para viajar en familia.
No hace falta inventar historias. La propia ciudad ya parece diseñada para que la imaginación haga el resto. Mientras paseáis por el centro histórico podéis convertir la visita en una pequeña búsqueda del tesoro, descubrir escudos en las fachadas, contar cuántos puentes cruzáis o intentar encontrar las gárgolas que decoran algunos edificios. Sin apenas darse cuenta, los niños estarán recorriendo algunos de los lugares más importantes de Bélgica mientras juegan.
Si hay un lugar imprescindible cuando visitas Gante con niños, ese es el Castillo de los Condes de Flandes, conocido como Gravensteen.
Pocas fortalezas medievales conservan un aspecto tan imponente en pleno centro de una ciudad. Desde fuera ya llama la atención por sus gruesas murallas y sus torres, pero es al cruzar la puerta cuando comienza realmente la aventura. Los pequeños pueden recorrer pasillos estrechos, subir por escaleras de piedra, asomarse a las almenas y contemplar toda la ciudad desde lo alto. Es fácil imaginar cómo vivían los caballeros hace cientos de años mientras se recorren sus diferentes estancias.
El castillo también alberga exposiciones sobre la historia del edificio y objetos medievales que ayudan a comprender mejor cómo era la vida en aquella época. Incluso las antiguas salas utilizadas como prisión suelen despertar bastante curiosidad entre los visitantes más jóvenes. Conviene dedicar al menos una hora y media para recorrerlo con tranquilidad.
– Para saber más: El Castillo de los Condes de Flandes.

Castillo de los Condes de Gante
Después de recorrer el casco histórico caminando, cambiar de perspectiva resulta una experiencia muy agradable. Los paseos en barco por los canales son uno de esos planes que suelen gustar tanto a adultos como a niños. Mientras navegas puedes contemplar las fachadas medievales desde el agua, cruzar pequeños puentes y descubrir rincones que pasan desapercibidos desde la calle.
Además, supone un pequeño descanso para las piernas, algo que los más pequeños suelen agradecer después de varias horas recorriendo la ciudad. Las explicaciones durante el trayecto ayudan a conocer mejor la historia de Gante, aunque para muchos niños la verdadera diversión consiste simplemente en navegar entre edificios centenarios.
– Más información: Crucero por los canales de Gante.

Crucero por los canales
Las dos orillas más famosas de Gante son también uno de los mejores lugares para hacer una pausa. Graslei y Korenlei concentran algunas de las fachadas históricas más bonitas de Bélgica. Mientras los adultos disfrutan haciendo fotografías, los niños suelen entretenerse viendo pasar los barcos, observando a los músicos callejeros o simplemente dando de comer a los patos cuando la ocasión lo permite.
Es un buen momento para sentarse en una terraza, tomar un helado o probar alguno de los famosos gofres belgas. A veces no hace falta organizar una actividad especial. Los mejores recuerdos de un viaje suelen surgir precisamente durante estos pequeños descansos.
– Más información: Pasear por el Graslei y el Korenlei.
El Belfort de Gante forma parte del Patrimonio de la Humanidad y es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Subir hasta lo alto puede convertirse en una pequeña aventura familiar. Conforme asciendes, los tejados medievales comienzan a aparecer bajo tus pies y los niños disfrutan intentando localizar el castillo, los canales o los lugares que ya han visitado durante el día.
Si el tiempo acompaña, las vistas merecen completamente la pena. Además, es una buena oportunidad para explicar por qué estas enormes torres tenían tanta importancia durante la Edad Media y cómo servían para proteger la ciudad o anunciar acontecimientos importantes mediante sus campanas.
Uno de los juegos más divertidos consiste en buscar el famoso dragón de Gante. La figura dorada que corona el campanario es uno de los grandes símbolos de la ciudad, pero no es el único dragón que encontraréis durante la visita. Existen reproducciones, esculturas y pequeños detalles repartidos por diferentes calles que pueden convertir el recorrido en una auténtica búsqueda.
Los niños suelen implicarse mucho en este tipo de juegos y hacen que la visita resulte mucho más dinámica. Es una forma sencilla de mantener su atención mientras recorren el casco histórico.
Puede parecer algo cotidiano para muchos adultos, pero no para todos los niños. Los modernos tranvías que atraviesan el centro de Gante llaman mucho la atención, especialmente si proceden de ciudades donde este medio de transporte no existe.
En algunos momentos del viaje merece la pena utilizarlos, aunque solo sea durante unas pocas paradas. Para ellos supone una experiencia diferente y, además, permite descansar un poco antes de continuar la visita.
– Más información sobre los tranvías en Gante.
No todos los museos consiguen mantener la atención de un niño, pero el STAM, el museo de la ciudad, ofrece recursos bastante visuales e interactivos.
Su enorme maqueta aérea de Gante suele convertirse en la protagonista de la visita. Los pequeños intentan localizar los lugares por los que ya han pasado mientras comprenden cómo ha ido creciendo la ciudad a lo largo de los siglos. Si alguno de vuestros hijos siente curiosidad por la historia, probablemente sea una de las visitas culturales que más disfrute durante el viaje.
Después de varias horas caminando, conviene buscar algún espacio donde simplemente descansar. El Citadelpark es una de las mejores opciones si visitas Gante con niños. Dispone de amplias zonas verdes, caminos para pasear, estanques y suficiente espacio para que los niños puedan correr un rato antes de continuar la visita.
Muchas familias aprovechan para comprar algo de comida y organizar un pequeño pícnic cuando el tiempo acompaña. Ese tipo de pausas ayudan a que el resto del día resulte mucho más llevadero para todos.
El clima belga es imprevisible y siempre conviene tener un plan alternativo. La buena noticia es que Gante con niños sigue siendo una ciudad muy agradable incluso cuando aparece la lluvia.
El propio castillo permite pasar bastante tiempo bajo techo, los museos ofrecen varias opciones interesantes y muchas cafeterías tradicionales resultan perfectas para refugiarse mientras los niños recuperan fuerzas con un chocolate caliente. En Bélgica la lluvia forma parte del viaje y no suele durar demasiado.
Es difícil visitar Bélgica sin caer en la tentación de probar alguno de sus dulces. Los gofres recién hechos, el chocolate artesanal y los famosos cuberdons —unas pequeñas golosinas típicas de Gante con exterior duro e interior muy cremoso— suelen convertirse en una recompensa perfecta después de un día de turismo.
Muchos niños recuerdan estos pequeños detalles incluso más que algunos monumentos. Y, siendo sinceros, a los adultos tampoco les cuesta demasiado apuntarse.
Si viajas a Gante con niños pequeños, un solo día permite conocer perfectamente el centro histórico, el castillo y disfrutar de un paseo en barco sin necesidad de correr.
Si dispones de dos días, podrás añadir los museos, dedicar más tiempo a los parques y descubrir algunos barrios menos turísticos donde se respira la vida cotidiana de la ciudad.
Lleva calzado cómodo, ya que gran parte del recorrido transcurre sobre calles empedradas. También es recomendable llevar siempre una pequeña chaqueta impermeable, incluso en verano, porque el tiempo puede cambiar rápidamente.
Por último, no intentes convertir la visita en una carrera para ver monumentos. Gante con niños se disfruta mucho más cuando se camina despacio, se hacen paradas para observar los detalles y se deja que los pequeños descubran la ciudad a su ritmo. Al final, serán ellos quienes transformen una simple visita turística en un recuerdo que toda la familia conservará durante muchos años.
Para saber más sobre la ciudad