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Red Star Line Museo Amberes

Amberes es una ciudad en la que resulta fácil encontrarse con su pasado. Está en las fachadas de la Grote Markt, en la enorme catedral, en las iglesias barrocas vinculadas a Rubens y, por supuesto, en el Escalda, el río que explica buena parte de la riqueza y de la importancia que alcanzó la ciudad. Sin embargo, hay otra historia de Amberes menos visible cuando recorremos su centro histórico y que nos lleva directamente hasta millones de familias de Europa y América.

Para descubrirla hay que acercarse al antiguo puerto y al barrio de Het Eilandje. Allí se encuentra el Red Star Line Museum, instalado precisamente en los edificios por los que pasaron los emigrantes antes de embarcar rumbo al otro lado del Atlántico. Entre 1873 y 1934, alrededor de dos millones de pasajeros viajaron desde Amberes hacia Norteamérica en los barcos de la Red Star Line. Para muchos, la ciudad belga fue la última imagen que conservaron de Europa.

El museo cuenta aquella emigración desde un punto de vista muy concreto: el de las personas que hicieron el viaje. Fotografías, documentos, cartas y testimonios permiten reconstruir un recorrido que podía comenzar a miles de kilómetros de Amberes y que terminaba, en muchos casos, ante los funcionarios de inmigración de Ellis Island, en Nueva York.

Amberes, una puerta de salida hacia América

Para comprender por qué tantos emigrantes pasaron por Amberes hay que mirar primero hacia su puerto. La relación de la ciudad con el comercio marítimo venía de muchos siglos atrás, pero durante el XIX las nuevas comunicaciones ferroviarias y el desarrollo de la navegación a vapor transformaron los viajes transatlánticos.

Amberes ocupaba una posición privilegiada. Su puerto tenía conexión con el interior de Europa y permitía canalizar hacia el Atlántico un flujo creciente de viajeros procedentes de diferentes países. Desde 1873, la Red Star Line estableció un servicio regular de barcos de vapor hacia Norteamérica y el movimiento de emigrantes volvió a crecer con rapidez.

Los belgas, curiosamente, representaban una parte relativamente pequeña de aquellos pasajeros. Por Amberes pasaron alemanes y, conforme avanzó el cambio de siglo, cada vez más personas procedentes de Europa Central y Oriental. Polacos, rusos, austrohúngaros y comunidades judías que huían de la persecución formaron parte de un movimiento migratorio mucho mayor que estaba cambiando la demografía de Estados Unidos y Canadá.

Amberes se convirtió así en una ciudad de tránsito. Muchos de aquellos viajeros apenas la conocieron durante unos días, pero tuvieron que atravesarla para llegar desde la estación hasta el puerto, encontrar alojamiento, superar los controles establecidos por la compañía y esperar el momento de embarcar.

La Red Star Line y sus grandes barcos

La Red Star Line nació en el siglo XIX vinculada a intereses empresariales belgas y estadounidenses. Su nombre comercial terminó haciéndose familiar en los puertos del Atlántico y sus barcos conectaron principalmente Amberes con ciudades como Nueva York y Filadelfia.

La aparición de los grandes vapores había cambiado por completo la travesía oceánica. Cruzar el Atlántico en un barco de vela podía necesitar alrededor de seis semanas, mientras que los nuevos barcos de vapor podían completar el trayecto entre Amberes y Nueva York en unos diez días. Los horarios eran también mucho más previsibles, algo fundamental para convertir el transporte transatlántico de pasajeros en un verdadero negocio a gran escala.

A lo largo de su historia, la compañía llegó a contar con 23 barcos de vapor. Uno de los más conocidos fue el Belgenland, un enorme transatlántico de 204 metros de eslora que podía transportar alrededor de 2.700 pasajeros y que se convirtió durante los años veinte en el gran buque insignia de la compañía.

Pero las condiciones a bordo estaban muy lejos de ser iguales para todos. Los grandes transatlánticos reflejaban también las diferencias sociales de aquella Europa. Mientras los viajeros más acomodados disponían de camarotes y espacios confortables, buena parte de los emigrantes viajaba en las clases más económicas, donde el espacio y la intimidad eran mucho menores.

Para ellos, además, el barco no era el comienzo de unas vacaciones. Era la frontera entre una vida que habían dejado atrás y otra de la que apenas sabían nada. Antes de llegar a Amberes ya había comenzado el viaje

Uno de los aspectos más interesantes de la historia de la Red Star Line es que el viaje no comenzaba en los muelles de Amberes. Para muchos emigrantes, cuando llegaban a Bélgica ya llevaban varios días atravesando Europa.

Habían salido de pequeñas localidades de Polonia, Rusia, Alemania, Austria-Hungría y otros territorios del centro y el este europeo. Desde allí viajaban en tren hasta Amberes cargando con las pertenencias que podían llevar consigo y con la documentación necesaria para intentar entrar en Estados Unidos o Canadá.

La propia exposición del Red Star Line Museum reconstruye ese proceso desde su origen. El recorrido conduce desde una agencia de viajes en Varsovia hasta un vagón ferroviario, continúa por Amberes y los edificios de la compañía y termina trasladando al visitante al interior de un transatlántico y, posteriormente, a la llegada a América.

De este modo se entiende mucho mejor la dimensión del viaje. Amberes era una etapa fundamental, pero formaba parte de un desplazamiento mucho más largo que había comenzado en el lugar de origen y cuyo final todavía estaba lleno de incertidumbres.

Los controles antes de subir al barco

Llegar al puerto tampoco significaba tener asegurado el pasaje hacia América. Los emigrantes tenían que someterse a controles médicos y administrativos antes de poder embarcar.

Esta parte de la historia resulta especialmente interesante porque el actual museo ocupa los mismos edificios en los que se realizaron aquellas inspecciones. No estamos, por tanto, ante un museo construido posteriormente para recordar la emigración, sino en uno de los escenarios donde realmente ocurrieron los hechos.

En los primeros tiempos las condiciones eran bastante precarias. Los reconocimientos médicos llegaron a realizarse al aire libre, junto al muelle, independientemente del tiempo que hiciera. Las quejas llevaron a la compañía a construir en 1894 un pequeño edificio de ladrillo para atender a los emigrantes, aunque pronto resultó insuficiente para la cantidad de personas que debían pasar los controles antes de cada salida.

El complejo fue ampliándose. Los pasajeros podían tener que ducharse, sus ropas y equipajes eran desinfectados y posteriormente pasaban las inspecciones médicas y administrativas. Para la compañía era fundamental detectar cualquier problema antes de la partida, porque las autoridades estadounidenses podían rechazar al viajero al llegar a América.

Aquellos edificios eran, por tanto, mucho más que unas instalaciones portuarias. Para miles de personas representaban el último obstáculo antes de poder subir al barco.

Red Star Line Amberes - emigrantes

Red Star Line Amberes – emigrantes

La espera en Amberes

Resulta curioso imaginar aquellos días si conocemos la Amberes actual. Hoy podemos caminar tranquilamente desde la Estación Central hacia el centro, pasar por Meir, acercarnos a la Grote Markt y continuar hasta el Escalda. A principios del siglo XX, otros viajeros recorrían la misma ciudad en unas circunstancias completamente diferentes.

Muchos emigrantes llegaban en tren y tenían que desplazarse hasta la zona portuaria. Het Eilandje estaba entonces profundamente ligado a la actividad de los muelles y era muy distinto del barrio que encontramos actualmente, recuperado para la ciudad y convertido en una de las zonas culturales más interesantes de Amberes.

Para los emigrantes, aquella estancia podía estar llena de incertidumbre. Había que buscar alojamiento, cumplir los trámites, superar los controles y esperar la salida del barco. Normalmente la Red Star Line programaba una partida semanal, con frecuencia los sábados, de manera que determinados días el movimiento de pasajeros hacia Rijnkaai debía de transformar por completo la zona.

La ciudad era una escala, pero también una frontera. Al otro lado estaba el Atlántico.

De Amberes a Ellis Island

Nueva York fue uno de los grandes destinos de la Red Star Line y, para los emigrantes, la llegada a su puerto no significaba necesariamente que el viaje hubiera terminado. Todavía quedaba uno de los momentos más importantes: superar los controles de inmigración.

Millones de europeos pasaron por Ellis Island, situada en la bahía de Nueva York. Allí se examinaba a los recién llegados y se comprobaba que cumplían las condiciones exigidas para entrar en Estados Unidos. Quienes habían atravesado los controles de Amberes tenían que enfrentarse nuevamente a preguntas, inspecciones y a la posibilidad de ser rechazados.

Esta conexión entre Amberes y Ellis Island es una de las claves para entender la importancia histórica del Red Star Line Museum. En ambos extremos del Atlántico se conservan lugares relacionados con el mismo proceso migratorio: uno representa la salida de Europa y el otro, la entrada en América.

Entre ambos quedaban varios miles de kilómetros de océano y unos diez días de navegación. Para una persona que había vendido o abandonado buena parte de lo que poseía antes de salir de su país, debieron de ser diez días especialmente largos.

¿Por qué abandonaban Europa?

No existe una única respuesta. Precisamente uno de los aciertos del Red Star Line Museum es presentar a los emigrantes como personas con historias diferentes y no como una masa anónima desplazándose de un continente a otro.

Algunos huían de la pobreza y buscaban trabajo. Otros escapaban de persecuciones políticas o religiosas, especialmente entre las comunidades judías de Europa Oriental. Había familias que esperaban encontrar tierras y oportunidades económicas y también personas que viajaban para reunirse con familiares que ya se habían instalado en América.

Estados Unidos se había convertido en un destino capaz de alimentar todo tipo de expectativas. No todas se cumplieron, por supuesto, pero las cartas enviadas por quienes ya habían emigrado, las redes familiares y la propia publicidad de las compañías navieras ayudaban a mantener la imagen de América como un lugar donde era posible empezar de nuevo.

Por eso las historias individuales son tan importantes para comprender aquella emigración. Detrás de las grandes cifras encontramos decisiones familiares, despedidas, miedo, problemas económicos y la incertidumbre de no saber si algún día se volvería a Europa.

Albert Einstein y otros pasajeros de la Red Star Line

Entre los viajeros relacionados con la Red Star Line aparecen también algunos nombres conocidos. Uno de los más llamativos es Albert Einstein, cuya historia forma parte del relato del museo y que utilizó los barcos de la compañía en sus desplazamientos transatlánticos.

Otro nombre especialmente significativo es el de Irving Berlin. Antes de convertirse en uno de los compositores más famosos de Estados Unidos, había sido uno de aquellos niños europeos que cruzaron el océano con sus familias. Nacido en el Imperio ruso en una familia judía, llegó a Estados Unidos siendo todavía muy pequeño.

Estos personajes conocidos sirven para acercarnos a una realidad mucho mayor. La inmensa mayoría de los pasajeros nunca alcanzó la fama. Eran trabajadores, campesinos, artesanos, comerciantes, padres, madres y niños cuyos nombres han sobrevivido en fotografías, cartas, diarios, registros de pasajeros y archivos familiares. Y son precisamente esas personas las verdaderas protagonistas del museo.

Un museo construido alrededor de historias personales

El Red Star Line Museum se diferencia de otros museos históricos en la forma de presentar su colección. Los objetos tienen importancia, pero están al servicio de las historias de quienes emigraron.

El recorrido utiliza cartas, fotografías, diarios, documentos y testimonios para reconstruir las distintas fases del viaje. Se puede seguir el camino desde el país de origen hasta Amberes, conocer cómo eran los controles, descubrir las condiciones a bordo de los barcos y continuar hasta la llegada a Estados Unidos o Canadá.

El escenario contribuye mucho a entenderlo. Parte de las instalaciones son originales de la Red Star Line y están protegidas por su valor histórico y arquitectónico. El complejo conserva tres edificios históricos y añade una torre contemporánea que recuerda la antigua chimenea que durante años sirvió como referencia visual para los pasajeros que se acercaban al puerto.

Desde esa torre vuelve a aparecer uno de los grandes protagonistas de Amberes: el Escalda. El río que durante siglos trajo mercancías y riqueza a la ciudad fue también la vía por la que millones de personas abandonaron Europa.

Het Eilandje, del puerto industrial a barrio cultural

Acercarse al Red Star Line Museum permite además conocer una parte de Amberes que merece tiempo propio. Het Eilandje es el antiguo barrio portuario situado al norte del centro histórico y su transformación durante las últimas décadas ha sido enorme.

Los almacenes, muelles y edificios vinculados al comercio marítimo conviven ahora con nuevos espacios residenciales y culturales. El MAS, uno de los museos más reconocibles de la ciudad, es probablemente el gran símbolo de esa renovación, pero el Red Star Line Museum aporta algo diferente: mantiene una relación directa con la actividad que se desarrolló allí.

Cuando se recorre Amberes es fácil que la atención se concentre en su catedral, la Grote Markt, Rubens y las calles del centro. Sin embargo, caminar hacia Het Eilandje permite entender otra ciudad, la que creció mirando al puerto y al Escalda y que durante siglos estuvo conectada comercialmente con medio mundo.

Si estás preparando un viaje, en nuestra guía de Amberes puedes encontrar el resto de lugares que merece la pena incluir en el recorrido por la ciudad. El Red Star Line Museum encaja especialmente bien en una jornada dedicada a la zona del antiguo puerto, combinándolo con Het Eilandje, el MAS y un paseo junto al Escalda.

El final de la gran emigración desde Amberes

La época de las grandes migraciones europeas hacia Estados Unidos comenzó a cambiar después de la Primera Guerra Mundial. Las autoridades estadounidenses introdujeron durante la década de 1920 nuevas restricciones y cuotas de inmigración que redujeron considerablemente la llegada de europeos.

El negocio de las grandes compañías transatlánticas también estaba transformándose. La Red Star Line continuó operando, pero aquel enorme flujo de emigrantes que había llenado sus barcos durante décadas comenzó a disminuir.

En 1934 terminó la etapa histórica de la compañía vinculada a estas instalaciones de Amberes. Habían pasado algo más de sesenta años desde el establecimiento de la conexión regular con Norteamérica y, durante ese tiempo, alrededor de dos millones de pasajeros habían realizado la travesía desde la ciudad.

Los edificios quedaron como testigos de aquel periodo. Décadas después fueron protegidos por su importancia histórica y finalmente recuperados para albergar el museo.

Red Star Line Museum, una forma diferente de conocer Amberes

El Red Star Line Museum no cuenta la historia de un rey, una batalla o una gran obra de arte. Cuenta algo mucho más cotidiano y, al mismo tiempo, de enormes dimensiones: la decisión de marcharse.

Eso permite descubrir una faceta de Amberes diferente de la que encontramos en sus grandes monumentos. La ciudad de Rubens y de los diamantes fue también durante décadas una de las principales puertas europeas hacia América. Por sus estaciones, calles y muelles pasaron personas que hablaban idiomas distintos y procedían de lugares muy alejados entre sí, pero que compartían la intención de comenzar una nueva vida al otro lado del Atlántico.

Además, el hecho de que el museo se encuentre en los edificios originales añade un valor especial. Allí se realizaron reconocimientos médicos, se desinfectaron equipajes y esperaron pasajeros que poco después subirían a un transatlántico sin saber exactamente qué encontrarían al llegar a Nueva York, Filadelfia o Canadá.

Más que una colección sobre barcos, el Red Star Line Museum es un museo sobre las personas que viajaron en ellos. Y eso explica que su historia siga teniendo interés más de un siglo después.

Información práctica del Red Star Line Museum

El museo se encuentra en Montevideostraat 3, en el barrio de Het Eilandje, junto a la antigua zona portuaria de Amberes. Al estar algo alejado del núcleo monumental de la Grote Markt, conviene tenerlo en cuenta al organizar el recorrido y aprovechar el desplazamiento para conocer también esta parte de la ciudad.

Antes de la visita es recomendable consultar la web oficial del Red Star Line Museum, tanto para comprobar los horarios y precios actualizados como para adquirir las entradas y conocer posibles cambios en el acceso. La exposición permanente se centra en la historia de la emigración y el museo organiza además exposiciones temporales y otras actividades relacionadas con las migraciones y la memoria de quienes realizaron aquellos viajes.

Para quien quiera comprender Amberes más allá de sus monumentos más conocidos, es una visita con mucho sentido. Porque desde estos antiguos muelles no salieron solamente barcos: durante más de medio siglo salió una parte de Europa rumbo a América.

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