La Abadia de Orval y su cerveza trapense

La cerveza fue inventada por un monje. Tanto es así que, algunas de las mejores cervezas del mundo, siguen asociadas con los monjes, aunque la relación entre beber cerveza y la piadosa devoción por la oración no parezcan muy compatibles. Pero, si uno se dedica a la cerveza con un fervor religioso, puede llegar a producir algo así como el Santo Grial de las cervezas, las cervezas trapenses.

La cerveza trapense se le llama así porque ha de ser elaborada en un monasterio trapense. Hoy en día hay siete monasterios trapenses en el mundo, de los cuales seis están en Bélgica, y uno en Holanda.

La primera cerveza trapense que se difundió ampliamente fue la del monasterio trapense de Orval, al sureste de Bélgica. Allí el río Semois baja en apretadas curvas para los amantes de los kayak, rodeado de los espesos bosques de las Ardenas. A esta región se la conoce como el Valle de Oro, ya que, según cuenta la leyenda, una condesa italiana perdió su anillo de oro en el río, y un pez se lo devolvió.

Los monjes trapenses son una rama de la orden cisterciense, claramente reconocidos por sus túnicas blancas y negras. La original Abadía de Orval data de la época de las Cruzadas. De hecho, fue cerca de Orval, en Bouillon, desde donde partió Godofredo de Bouillon en la primera cruzada de la historia. La abadía fue habitada primero por monjes italianos, para posteriormente ser adquirida por la orden cisterciense en el siglo XII.

La catedral de la abadía fue destruida por un incendio en el siglo XIII, y nunca se recuperó totalmente. En la década de 1920 se construyó una abadía y un monasterio más modernos, y hoy en día la Abadía de Notre Dame de Orval es un monasterio floreciente dentro del enclave de los trapenses.

Ruinas de la antigua Abadia de Orval

Cuando visitéis la abadía pasearéis por las maravillosas ruinas de la antigua abadía gótica original. Algunos carteles evocan la vida en el antiguo monasterio, y un pequeño vídeo muestra la vida de los monjes y abades de Orval. La actual abadía se halla muy cerca de las ruinas de la antigua. El silencio casi monacal que se respira resulta fascinante.

Una de sus muchas tradiciones es la cerveza. La cerveza trapense Orval se elabora bajo los auspicios del monasterio, pero se comercializa de forma independiente, aunque los ingresos procedentes de la fábrica van exclusivamente para el monasterio y otras obras de caridad. La Orval es una cerveza de color naranja pálido, con un buen sabor malta y una gruesa capa esponjosa.

La cerveza se puede comprar en el monasterio, aunque lo mejor es hacerlo en el pequeño restaurante que hay a la entrada, o en cualquiera de los de la región. La abadía también produce su propio queso, y se comercializa sobre todo en Francia y Bélgica.

Una maravillosa posibilidad que tenemos es la de alojarnos entre dos y siete días en la propia abadía. Eso sí, no debemos confundirlo con un hotel, sino que están indicadas para aquellas personas que buscan la reflexión y el silencio. Los paseos y las comidas se toman por ejemplo en silencio. Si alguna vez os habéis preguntado cómo es la vida de un monje, esta es vuestra oportunidad.

No hay un precio fijo para la estancia en el monasterio, sino que se establece una donación que oscila entre los 33 euros para los adultos y 25 euros para los jóvenes. Debéis llevar vuestras propias toallas, sábanas y saco de dormir. Las sábanas se pueden alquilar por 8 euros.

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