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Canal Dijver en Brujas

¿Alguna vez habéis estado en una ciudad de la que os ha dado muchísima pena marcharos?. Una ciudad en la que no podíais dejar de pasear, echaros fotos, disfrutar de su ambiente, sus calles y plazas, monumentos…, una ciudad en la que eso de estar en el hotel se os hacía incómodo, una ciudad que os atraía y de la que os sentís profundamente enamorados…

Yo sí, desde que estuve en Brujas. Yo sí, desde que recorrí sus calles empedradas, su arquitectura medieval de cuento de hadas y sus viejos canales. Ay, Brujas… sus canales, como el Dijver, uno de los canales más hermosos de la ciudad. Es un canal pequeño, pero desde el que se tienen unas vistas preciosas de la ciudad, sobre todo del Belfort o torre-campanario.

Un canal ligado al nacimiento de Brujas

El canal Dijver no es únicamente uno de los rincones más bonitos de Brujas. También forma parte de la historia de la ciudad desde hace siglos. Durante la Edad Media, cuando Brujas era uno de los grandes centros comerciales de Europa, esta zona era un punto de encuentro constante entre mercaderes, artesanos y embarcaciones que llegaban cargadas de mercancías. El agua era entonces mucho más que un elemento decorativo: era una auténtica vía de comunicación que conectaba la ciudad con el resto de Flandes y contribuía a su prosperidad.

Con el paso del tiempo, el antiguo canal comercial fue transformándose en el escenario tranquilo y elegante que contemplamos hoy. Los edificios históricos que se asoman a sus orillas, los árboles inclinándose sobre el agua y el silencio que se respira al caer la tarde hacen difícil imaginar el bullicio que llegó a concentrarse aquí hace varios siglos. Sin embargo, precisamente esa mezcla entre pasado y presente es una de las razones por las que pasear junto al Dijver resulta tan especial. No es solo un lugar bonito; es uno de esos rincones donde la historia de Brujas sigue reflejándose, literalmente, sobre la superficie del agua.

Muchos son los edificios que se multiplican reflejados en las aguas de este canal. Porque Brujas, como me dijo un lugareño, son dos ciudades, la que ves y la que descansa bajo el agua, la que salta a los ojos en forma de piedra, y la que se distingue cristalina y borrosa sobre los canales. Al principio no le entendí bien. Me señaló el reloj y la caída de la noche, y a partir de ahí empecé a entenderlo todo.

La noche en Brujas se derrama sobre el Dijver. Hay una Brujas diferente desde el agua, desde el Dijver. Hay una Brujas más recóndita, menos tímida. Es la Brujas que vivieron siglos atrás sus comerciantes, sus lugareños. Una Brujas elegante, serena y suave, una ciudad de terciopelo y piedra, de ventanales y ladrillos, una ciudad que duerme al arrullo del agua.

Los edificios que mejor se contemplan desde el canal Dijver

Gran parte del encanto del Dijver reside en todo lo que lo rodea. Mientras la barca avanza lentamente, la mirada va saltando de una fachada a otra, descubriendo algunos de los edificios más emblemáticos de Brujas desde una perspectiva completamente distinta a la que se tiene caminando por sus calles.

Uno de los primeros en llamar la atención es el antiguo Palacio Gruuthuse, una elegante residencia nobiliaria que recuerda la enorme riqueza que llegó a acumular la ciudad durante la Edad Media. Muy cerca aparece la inconfundible silueta de la Iglesia de Nuestra Señora, cuya torre de ladrillo domina buena parte del perfil urbano y guarda en su interior una de las grandes joyas artísticas de Bélgica: la escultura de la Virgen con el Niño realizada por Miguel Ángel.

El recorrido también permite contemplar algunos de los pequeños puentes de piedra que cruzan el canal. Entre ellos destaca el romántico Puente de San Bonifacio, uno de esos rincones que parecen diseñados para detenerse unos minutos y simplemente observar cómo el agua refleja las fachadas medievales. Desde ciertos ángulos, además, vuelve a aparecer el Belfort elevándose por encima de los tejados, ofreciendo una de las estampas más reconocibles de toda Brujas.

Canal Dijver en Brujas

Canal Dijver en Brujas

Quizá eso sea precisamente lo que hace diferente al Dijver. No se trata únicamente de navegar por un canal, sino de descubrir la ciudad desde un punto de vista privilegiado, casi íntimo, en el que cada edificio parece recuperar la función para la que fue construido siglos atrás: mirar al agua, que durante generaciones fue la auténtica arteria de la vida cotidiana de Brujas.

No se puede decir que se haya visitado Brujas si no habéis dado un paseo en barca por el Dijver. Hay que llegar al embarcadero de este canal y tomar uno de estos paseos. Suelen darse todos los días, de 10.00 a 18.00 horas, entre los meses de marzo y noviembre. Os recomiendo que lo déis después de haber conocido la ciudad a pie. Os llevaréis una sorpresa…

Qué esperar del paseo en barco por el Dijver

El recorrido no es especialmente largo, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Durante algo menos de media hora la embarcación se desliza lentamente por algunos de los canales más representativos del centro histórico, atravesando pequeños puentes de piedra y rincones que apenas se perciben desde la calle. La sensación es completamente diferente a la de recorrer Brujas caminando. El ruido desaparece poco a poco y el agua marca el ritmo de la visita.

A lo largo del trayecto, los barqueros suelen ir explicando la historia de los edificios más importantes y compartiendo pequeñas curiosidades sobre la ciudad. Incluso aunque no dominéis el idioma, merece la pena escucharles. Siempre hay alguna anécdota o algún detalle que ayuda a comprender mejor por qué Brujas conserva un aspecto tan extraordinariamente bien preservado.

Un consejo que me parece especialmente útil es intentar sentarse en uno de los laterales de la embarcación en lugar de hacerlo en el centro. Tendréis una visión mucho más abierta de las fachadas, podréis disfrutar mejor de los reflejos sobre el agua y, si os gusta la fotografía, regresaréis con algunas de las imágenes más bonitas de vuestro viaje. Hay rincones que solo pueden contemplarse desde el canal y, cuando aparecen, uno entiende perfectamente por qué tantos viajeros consideran este paseo una de las experiencias imprescindibles de Brujas.

Si tenéis la suerte de visitar Brujas, como nosotros, en octubre, dejad el paseo en barca para las últimas horas de la tarde. A eso de las 17.00-17.30 horas la noche comienza ya a caer sobre la ciudad. La Brujas que os espera es impactante, llena de misterio. Desde el canal Dijver empieza una aventura de magia y seducción. A ver quién es capaz de resistirse.

Beguinaje de Brujas

El mejor momento para disfrutar del canal Dijver

He visitado ciudades preciosas, algunas de ellas capaces de dejar una huella difícil de explicar, pero pocas veces he sentido esa necesidad de detenerme una y otra vez para contemplar el mismo lugar desde distintos ángulos. El Dijver tiene precisamente esa capacidad. Cambia con la luz, con las estaciones e incluso con el estado del cielo. Nunca ofrece exactamente la misma imagen.

A primera hora de la mañana transmite una calma difícil de encontrar en otros lugares tan visitados. Los grupos organizados todavía no han llegado y el agua permanece casi inmóvil, convirtiéndose en un espejo donde se reflejan las fachadas medievales. Es uno de los mejores momentos para pasear sin prisas y disfrutar del silencio.

Al mediodía el ambiente cambia por completo. Las terrazas se llenan de gente, las embarcaciones recorren los canales sin descanso y Brujas muestra su cara más animada. Es el momento perfecto para sentarse junto al agua, pedir algo para tomar y observar cómo la ciudad sigue viviendo alrededor del canal, igual que lo ha hecho durante siglos.

Pero si tuviera que elegir un instante, volvería una y otra vez al final de la tarde. La luz comienza a volverse dorada, los reflejos adquieren un tono cálido y las sombras se alargan sobre las fachadas de ladrillo. Poco después aparecen las primeras luces de los edificios y el agua empieza a devolver una imagen completamente distinta de la ciudad. Es entonces cuando uno entiende por qué cuesta tanto despedirse de Brujas. No es solo la belleza de sus monumentos, sino esa atmósfera difícil de describir que consigue que un simple paseo junto al canal Dijver permanezca en la memoria mucho tiempo después de haber regresado a casa.

Para saber más sobre la ciudad:

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