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Estoy casi convencido de que las mayores extravagancias sólo se pueden dar en los Países Bajos. Yo no sé que será, pero además de la arquitectura más inesperada que puede dejarte un buen tiempo parado en cualquier rincón de Bélgica preguntándote “¿Cómo puede ser algo así?, ¿a quién se le pudo ocurrir?, etc.”, también resulta que más allá de esas asombrosas fachadas que adornan las calles hay todavía un mundo más raro y sorprendente.

En esta oportunidad he querido hacer un pequeño resumen, o listado, si se quiere, de los museos más raros que se pueden encontrar a lo largo y ancho de Bélgica.

Ya se habrá mencionado más de una vez que este país es la meca del cómic. Pues también, como era de esperar, aquí hay un museo dedicado a él. El Museo del Cómic tiene cuatro mil metros cuadrados llenos de verdaderas historias. O, mejor dicho, historietas.

El Museo del Juguete es otra gran ocurrencia que propone un viaje a través de la historia del juguete hasta más de cuatrocientos años atrás. Aquí te encontrarás con verdaderas reliquias del ingenio infantil. Parece que jugar también puede ser un arte. Mucho más después de la Playstation que amenaza con convertir a todos los demás juguetes en un verdadero cuadro del siglo pasado.

Después de la dulce fantasía pasamos a los miedos. El Museo de Calaveras cuenta con más de mil calaveras de animales expuestas para el espanto de muchos y la osadía de pocos. De verdad que este museo rompe todos los moldes, no me queda claro si la idea es que la gente vaya a ver sus exposiciones, o que directamente la gente se vaya. Pero bueno, si está es que alguien lo irá a ver.

El Museo de la Anestesia está quizás para los que salgan algo perturbados del anterior, pero también es verdad que si bien la anestesia se utiliza para calmar algún dolor, muchos de los antiguos aparatos de reanimación y las máscaras que hay allí parecen auténticas máquinas de tortura.

El Museo de la Policía tal vez esté para los que dicen que los policías no sirven para nada. Para que vean que no están de adorno. Hay que pedir cita previa y la entrada es libre. Todo me sigue resultando algo irónico.

Uno por el que hay que pasar obligadamente es el Museo de Aduanas, no es la gran cosa, pero no puedes evitarlo.

Ahora viene el Museo de la Papa Frita, ¿lo podías imaginar?, pues yo no. Estas cosas pasan sólo en Bélgica. Parece que la comida rápida ha inspirado a más de uno y todas la obras sobre el tema, desde dibujos hasta fotografías, están expuestas aquí.

Queda darse una vuelta por el Museo de los Cerveceros Belgas y el Museo de la Cerveza de Schaerbeek. De todo lo que viste quizás sea esto en lo único que creas.

Y para terminar, porque ya no nos queda tiempo, el Clockarium, un museo lleno de relojes. Entra a la web para informarte mejor. Ah, otra cosita más: si vas, sé puntual.

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