
Lovaina (Leuven, en neerlandés), ciudad flamenca, es hoy célebre por su universidad, por su inquieta vida estudiantil y por su patrimonio arquitectónico mezcla de sobriedad medieval y esplendor renacentista y barroco.
Sin embargo, la ciudad esconde tras sus calles adoquinadas y sus antiguos edificios una historia de conflictos, asedios y supervivencia.
Toda Bélgica, por su posición estratégica en Europa ha sufrido de episodios parecidos, pero si hay que destacar uno en Lovaina ese es el sitio de 1635, clave en la Guerra de los Treinta Años, que marcó a la ciudad hasta el día de hoy.
En este artículo vamos a ver los motivos que llevaron a tal asedio, cómo fue, sus consecuencias y, sobre todo, lo que Lovaina conserva a día hoy, cultural y monumentalmente hablando.
– Puedes leer también: Guía de Lovaina.
Lovaina en el siglo XVII: una ciudad universitaria y estratégica
Lovaina fue una de las ciudades más importantes en los antiguos Países Bajos españoles en el siglo XVII.
Se fundó en el XII, pero con el paso de los años, gracias al comercio de tejidos, y sobre todo, a su Universidad fundada en el año 1425, la ciudad comenzó a crecer, convirtiendo a esta ciudad brabantina en una ciudad de primer orden en Europa.
Su situación geográfica contribuyó también a su crecimiento, situada como estaba entre Bruselas y el río Mosa. Esta ubicación propició que se convirtira en un objtivo apetecible desde el punto de vista militar.
Cuando en 1635 se organizó una gran ofensiva contra las posesiones del Imperio Español en los Países Bajos, Lovaina apareció rápidamente como objetivo central.
El contexto: la Guerra de los Treinta Años y la ofensiva franco-neerlandesa
El sitio de Lovaina se produjo en el contexto de la Guerra de los Treintaa Años un enfrentamiento entre Francia y a las provincias rebeldes de los Países Bajos, por un lado, y el imperio español de los Austrias por el otro.
La presión fiscal y religiosa a la que Felipe II estaba sometiendo a Flandes fue el caldo de cultivo de la cada vez mayor oposición de los rebeldes al gobierno español. Este descontento se extendió pronto a países cercanos, y monarquías como la francesa decidieron aprovechar el momento para expandir sus reinos.
Francia, aliada con las Provincias Unidas, reunió un ejército de más de 30.000 soldados a cuyo mando estaban Federico de Orange y el mariscal francés Châtillon. Querían avanzar hacia Bruselas y para ello, era imprescindible tomar Lovaina.
El sitio de 1635: la resistencia de una ciudad
El sitio comenzó a finales de junio de 1635. Los atacantes rodearon Lovaina, una ciudad amurallada en aquella época, con una moral muy alta, sabedores de su capacidad defensiva a pesar de su inferioridad numérica, pero cuya importancia era vital para poder mantener intactas las aspiraciones españolas en Flandes. En la ciudad la defensa la formaban soldados españoles, flamencos y valones, apoyados por la población civil y todos ellos dirigidos por su gobernador, el marqués de Castel Rodrigo.
Los franceses atacaron con artillería y durante días asediaron la ciudad. Sin embargo, la mala organización y la falta de abastecimientos dificultaron su labor. El verano se presentó duro, con enfermedades producidas por el hambre y el intenso calor, lo que provocó deserciones en las filas sitiadoras.
Al mismo tiempo, el ejército español comandado por el cardenal-infante Fernando de Austria avanzó desde Bruselas para socorrer la ciudad lo que les permitiría situarse a la espalda de los franceses. Ante esaa perspectiva, finalmente, los sitiadores optaron por levantar el asedio un par de semanas después, en julio.
La victoria defensiva fue celebrada como un triunfo heroico. Lovaina se había convertido en el escudo de Bruselas y en símbolo de la resistencia frente a potencias extranjeras.
Consecuencias inmediatas del asedio
Aunque la ciudad sufrió daños considerables —especialmente en sus arrabales y campos circundantes—, el sitio no destruyó Lovaina. Su población, si bien agotada, se sintió fortalecida en su identidad local y en su lealtad a la monarquía hispánica.
Para España, la defensa de Lovaina fue un balón de oxígeno en un conflicto cada vez más desgastante. Evitó que Bruselas cayera y que se rompiera el frente en los Países Bajos. La propaganda católica de la época explotó el episodio como una muestra de la protección divina y de la fidelidad de los habitantes.
En Francia y las Provincias Unidas, en cambio, el fracaso supuso un golpe duro. Se había invertido un enorme esfuerzo militar sin resultados tangibles, lo que evidenció las dificultades de coordinar ejércitos aliados con intereses diferentes.
Lovaina después del sitio: reconstrucción y memoria
Acabado el sitio de 1635, la ciudad volvió a su rutina habitual. Reconstruyó sus murallas y volvió a ser el motor cultural de buena parte de Europa gracias a su renombrada Universidad. Aún así, aquel conflicto caló tan hondo en su población que se vio reflejado en crónicas, pinturas y relatos que se fueron transmitiendo por todo el territorio flamenco, convirtiendo a Lovaina en la ciudad que salvó a los Países Bajos y en aquel acontecimiento como uno de los más gloriosos de la historia de Lovaina.
El legado del sitio en la Lovaina actual
Actualmente aquel sitio de 1635 ya no es tan conocido como otros episodios ocurridos en el transcurso de la Guerra de los Treinta Años, pero en Lovaina aún se refleja en determinados lugares y eventos:
Parte de las antiguas murallas y fortificaciones de la época aún puede encontrarse en la ciudad. Es cierto que muchas fueron demolidas en el siglo XIX, pero todavía quedan algunas puertas y bastiones que recuerdan el carácter defensivo de Lovaina.
La Universidad de Lovaina también conserva documentos y crónicas que narran el asedio. Estos archivos son una fuente fundamental para comprender no solo la historia militar, sino también la experiencia social de una ciudad bajo presión.
En la cultura local, la resistencia frente al asedio se interpreta como símbolo de resiliencia que además se ha equiparado con la resistencia que se ofreción en el transcurso de las más recientes dos guerras mundiales, especialmente en 1914, cuando la biblioteca universitaria fue incendiada por tropas alemanas.
Las rutas patrimoniales de Lovaina también incluyen referencias al sitio de 1635, conectando la Edad Media con la modernidad y las guerras del siglo XX.
Reflexión final: del asedio al presente
Aquel sitio de Lovaina en 1635 pudo haber cambiado el curso de la guerra en los Países Bajos, pero su resistencia y la victoria final salvó a Bruselas y dio a los españoles la posibilidad de nuevos objetivos en Flandes.
Hoy día, si paseas por Lovaina no solo descubrirás iglesias góticas y cervecerías históricas, sino también una ciudad que ha sobrevivido a importantes conflictos, desde el descrito asedio de 1635 hasta la destrucción que soportó en pleno siglo XX. Encontrarás en sus gentes a una comunidad que, generación tras generación, ha sabido resistir, reconstruir y mirar al futuro.
Lovaina no es solo un centro universitario conocido internacionalmente, sino también un espacio donde convive la cultura con la memoria histórica. El sitio de 1635, dramático y heróico, sigue siendo un episodio clave en la Historia para entender a esta ciudad flamenca, a su identidad y a su legado.
Información práctica para conocer la ciudad





