Historia de Bélgica, la Edad Media

Historia de Bélgica, la Edad Media

La historia se ha cruzado en repetidas ocasiones con Bélgica. Desde los tiempos más antiguos, la situación geográfica del país, en el corazón de Europa y encrucijada de caminos, ha propiciado que los belgas hayan tenido que vivir en continua defensa y ataque, ya que, dentro de sus territorios, se han producido la gran mayoría de las confrontaciones más importantes de Europa. Además de todo esto, la historia de Bélgica supone un encuentro con la cultura y los grandes personajes que han vivido en ella. Os queremos acercar un poco a la historia de este país, a través de una serie de artículos. Hoy os traemos la Edad Media.

Hacia finales del siglo IV, las legiones romanas se retiraron del Rhin, propiciando la llegada de las tribus germánicas del este. Del sur al norte se fueron instalando los francos ripuarios, los francos salios y los suesones. Es muy importante este hecho, ya que estas tribus impusieron en la región las distintas lenguas germánicas, forjando la división lingüística que quedó establecida en el siglo XII y aún perdura hoy.

De Tournai, capital de los francos salios, donde en el 448 Meroveo había fundado la dinastía merovingia, partió Clodoveo, fundador de la monarquía francesa, a la conquista de la Galia. Durante cuatro siglos el territorio de los Países Bajos formó parte del reino merovingio que agrupaba los reinos de Neustria y Austrasia, al oeste y el este del río Escalda.

Con el tratado de Verdún en el 834, los hijos de Ludovico Pío se repartieron el imperio. La parte occidental de Bélgica fue asignada a Carlos el Calvo, rey de Francia, y la parte oriental a Lotario, rey de Italia. Pero fue una malísima solución. Los saqueos de los normandos a las poblaciones costeras eran cada vez más frecuentes y por el este presionaban las tribus germánicas.

Las cruzadas de Godofredo de Bouillon

En los decenios siguientes la Lotaringia fue absorbida por el imperio alemán, representado en las principales diócesis de Lieja y Cambrai y en los burgos de Brabante, Hainaut, Namur, Luxemburgo y Limburgo. Las zonas ribereñas cerraron filas en torno a Balduino Brazo de Hierro, conde de Flandes. Así se impuso en Bélgica el feudalismo, siendo los caballeros feudales belgas los caudillos de las primeras cruzadas, como Godofredo de Bouillon y Balduino IX de Flandes y Hainaut, emperador de Constantinopla en el 1294.

Estas cruzadas abrieron un desarrollo económico y comercial de gran importancia. Los mercaderes monopolizaron la riqueza, con lo que el gremio de artesanos, las guildas, no tardaron en exigir una participación en el gobierno de las ciudades, para tener igualdad con respecto a los obispos y los señores feudales. Los condados y los ducados tuvieron entonces problemas en materia de política local.

En 1337 los territorios de más allá del Escalda, Flandes, Brabante y Hainaut, se unieron bajo la denominación de Condado de Flandes. En 1394, Margarita, hija de Luis II de Male, último conde de Flandes, aportó sus dominios como dote a Felipe el Atrevido, duque de Borgoña. Por ello, durante casi un siglo, los territorios belgas y holandés, a excepción de la sede episcopal de Lieja, formaron parte del pujante estado borgoñón, lo que supuso uno de los mejores momentos económicos del país.

En otro artículo continuaremos con esta historia de Bélgica, y pasaremos a desarrollar la Edad Moderna.

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