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Nuestra Señora de Finisterre

La Iglesia de Nuestra Señora de Finisterre, Notre Dame du Finisterre, fue construida a principios del siglo XVIII para reemplazar a un edificio del siglo XVII, que fue levantado sobre el lugar de una antigua capilla situada en el límite extremo, en el Finis Terrae, de la ciudad de Bruselas.

Es una mezcla del barroco, que aparece en un interior de abundante y lujosa decoración, y el estilo clásico, la parte inferior de la fachada. También contiene muchas obras de arte de los siglos XVI, XVII y XVIII.

En el interior de la nave, los ábsides y los pasillos están decorados con estucos y revestimientos. A mí me encantaron sus tres altares de mármol blanco, obra de Leclerq. El púlpito fue realizado en 1758. Cualquier fin de semana normal, miles de personas se acercan a esta iglesia. Sus dos magníficas puertas están siempre abiertas. Resulta curioso experimentar la combinación de la paz y tranquilidad que se respira en la iglesia y el bullicio de los cafés de la calle.

Dentro, la gente se para a contemplar la estatua milagrosa, objeto de numerosas peregrinaciones en el pasado, de Nuestra Señora de Finisterre, situada en el altar lateral, a la derecha del santuario. Se trata de una estatua que, según cuenta la tradición, se transportó desde Finisterre, en España.

Nuestra Señora de Finisterre

Algunas fuentes aseguran que esta estatua es el origen del nombre de la iglesia, aunque muchos dicen que la estatua fue trasladada primero a una pequeña capilla construida en el siglo XV fuera de los muros de la ciudad. La gente también se para a contemplar la talla de Luis XIV en el ábside y los retratos de los apóstoles que hay encima, además del impresionante púlpito barroco.

En este púlpito se representa el árbol de la vida y Moisés con los Diez Mandamientos, así como el árbol de la muerte y la serpiente, que simboliza la caída de la humanidad.

La iglesia también alberga una sorprendente colección de pinturas, como la de San Felipe Neri, del siglo XVII, sobre el altar lateral de la izquierda, o La Huída a Egipto, a la derecha, del siglo XIX. También aparecen las estaciones del vía crucis, cada una de ellas pintadas por un artista diferente.

Os recomendamos visitar esta iglesia en un día soleado. Veréis la tremenda luminosidad que entra por las vidrieras, colocadas entre 1853 y 1860. Hay una capilla también muy bonita, la de la Virgen de la Buena Suerte. Esta estatua fue traída desde Escocia a Bretaña. Se sitúa en una capilla muy tranquila y aislada. Se puede escribir en el libro que hay a la entrada de la capilla.

Foto 1 Vía Brusselspictures

Foto 2 Vía Flickr

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