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Comic Belga

No hay dudas de que Bélgica es cuna de los grandes maestros del cómic europeo, su producción es mundialmente famosa por figuras como Hergé y André Franquin, pero también por lanzar nuevos autores año a año.

Es tan notable el trabajo que vienen realizando, y el estímulo que reciben por parte de editoriales reconocidas e independientes, que se ha logrado darle vida a una escuela propia, con una identidad marcada y de valor internacional. Un simple recorrido por tiendas especializadas y quioscos a lo largo de todo el país puede representar una atracción imperdible, apta para todo público.

El formato de publicación clásico belga tiene un tamaño 22,5 x 29,5 centímetros, encuadernado con y sin lomo, casi siempre de 48 o 64 páginas, de tapa dura o blanda, depende la calidad y el año de la edición. Algo a destacar: la calidad de la impresión es en la mayoría de los casos admirable, con hojas ilustración a todo color y con un trazo verdaderamente impactante. Tintín, que tiene su boutique oficial en Bruselas, es uno de los más solicitados. En cualquier ciudad, si uno investiga locales comerciales del circuito under, se consiguen ediciones limitadas y antiguas que actualmente tienen valor de colección.

Hay dos escuelas bien marcadas en la tradición del cómic belga, la de Marcinelle, por un lado, que nace con la revista Spirou en el año 1938 y toma el título del personaje creado por Robert Velter y Blanche Dumoulin. Allí dejaron su huella genios del género como Morris (Lucky Luke), Peyo (Los pitufos), Jijé (Jerry Spring) y el mismísimo Franquin, quien llevó la industria del cómic belga a lo más alto. Los dibujos característicos de este movimiento se destacan por el uso de recursos humorísticos, la utilización de onomatopeyas -elemento fundamental-, viñetas redondeadas y personajes alejados de la figura mimética clásica.

Por otro lado, está la famosa Escuela de Bruselas, donde brilló Hergé, y que es admirada por dibujantes de todos los estilos, incluso en Japón ha sido bien recibido, donde el cómic también es muy fuerte pero con códigos radicalmente distintos a los occidentales. Aquí ya aparecen dibujos más realistas, guiones que se sostienen en el estilo documental, con mucho texto por página y viñetas preferentemente cuadradas.

Bélgica ha logrado hacer el cómic un estandarte cultural, se apropió de un universo narrativo que aún hoy sigue evolucionando, al punto de convertirse en un referente histórico.

Foto vía: miscomicsymas

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