Bruselas, un paseo por sus bulevares

Porte de Hal

De sobra es conocida la monumentalidad de una ciudad como Bruselas, una de las capitales europeas más visitadas y admiradas. Desde su Grand Place, el Ayuntamiento, la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula o un paseo por sus calles, todo rezuma belleza y suntuosidad.

Hoy vamos a recorrer los bulevares que bordean la ciudad, un breve recorrido por aquello que primeramente nos encontraremos antes de adentrarnos en el centro histórico.

La entrada a Bruselas más conocida es la Porte de Hal, único resto de la muralla erigida en el siglo XIV. Constituye un bello ejemplo de arquitectura militar con su pesado torreón en forma de herradura y atravesado por un corredor abovedado con abundantes troneras. Desde allí parte el Boulevard du Midi-Zuid, que va desde la Puerta de Hal a la Puerta de Anderlecht y atraviesa la Plaza de la Constitución. Al final de esta Plaza está la Gare du Midi-Zuidstation, de 1937, estación terminal de las líneas que parten hacia el litoral y Francia. Enfrente, la Avenida de Stalin-grand, que nos lleva a la Plaza Rouppe, uno de los puntos de mayor tráfico de la ciudad, con una fuente monumental de 1848.

La antigua Porte de Anderlecht está ahora ocupada por dos pabellones de 1836. Más adelante, a la izquierda se halla el Instituto de las Artes Van Kunsten, edificio erigido en 1929.

Un poco más arriba, desde la Plaza Ninove a la Plaza Sainctelette, los bulevares discurren a lo largo del Canal de Charleroi. La última de estas plazas está cruzada por un paso elevado construido en 1957. Siguiendo a la derecha el Bulevar Antwerpselaan se llega a la Puerta de Anvers, frente a la cual, en la Rue Laeken, se encuentra el Teatro Beursschouwburg, que en su estado actual data del año 1885, aunque su fachada original es de 1781. Después se llega a la Plaza Rogier, uno de los centros vitales del tráfico de la capital, presidida por el enorme Edificio Rogier, de 30 plantas, que alberga el Teatro Nacional de Bélgica.

Más retiradas están la Gare Routiere y la Gare du Nord, de 1957. Son las estaciones terminales de los trenes que se dirigen a Centroeuropa. En el interior está el Museo du Chemin de Fer, visita que podemos hacer de 9.00 a 16.30 horas, excepto sábados y domingos, dedicado a la historia del ferrocarril, donde se exponen documentos, sellos y medallas.

Plaza Ninove

Siguiendo por los bulevares, se encuentra a la izquierda, el Jardín Botánico construido entre 1826 y 1829, abierto al público. Algo más adelante, a la derecha se descubren los inmensos edificios modernos de la Ciudad Administrativa, construidos por Van Cuyck a partir de 1965. A la izquierda se alza la moderna Iglesia de Jesús, comenzada en 1860 y concluida en 1939.

Seguimos por la Puerta de Schaerbeek, a través de la Avenida Galileo que conduce al observatorio antiguo, construido en 1926 y situado en un hermoso jardín. Más al sur, en la redonda Plaza de las Barricadas, está la estatua de Andrea Vesalio, padre de la ciencia anatómica moderna. Algo más adelante, a la izquierda, se erige el monumento de la Brabançonne, el himno nacional belga, de 1930. A partir de aquí la calle toma el nombre de Avenida de las Artes. Al principio de la misma, en el número 16, está el Museo Charlier.

El Museo Charlier es una casa señorial que podemos visitar de martes a viernes, de 12.00 a 17.00 horas. Fue construida en 1890 y contiene numerosos objetos artísticos. Los muebles abarcan desde el período renacentista al estilo imperio de los siglos XVII al XVIII. Entre los tapices figuran obras bruselenses de 1517. Hay notables ejemplares de alfombras y porcelanas del Extremo Oriente, además de obras de Meunier, Ensor, Wouters, etc…

Terminaremos nuestro recorrido al final de la Avenida de las Artes en la Plaza del Trono, a la derecha, frente a los Jardines del Palacio Real. En su centro tiene su emplazamiento la estatua ecuestre de Leopoldo II, realizada por Vinçotte en 1926. A la izquierda se alzan un edificio realizado por el arquitecto Polak, en 1929, y la moderna sede de un banco, de 1962.

Como veis, Bruselas no sólo es su centro histórico. Un paseo por sus bulevares, a pesar del tráfico, también os dejará un grato recuerdo de esta incomparable belleza belga.

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