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Procesión de Tournai

A finales del siglo XI, Tournai era el centro de una gran diócesis, sede del obispo Radbod II. Tournai tenía una gran importancia cultural y comercial gracias al río Escalda, sus pastos y un rico subsuelo de piedra caliza. Pero, dentro de este marco, una trágica epidemia sembró de dramatismo no sólo a la ciudad, sino a Flandes y Brabante.

El obispo Radbod propuso a sus fieles llevar vestido de penitente, ayunar un viernes y rezar a Nuestra Señora los sábados, además de proclamar el 14 de septiembre como día de la Exaltación de la Cruz. Asimismo dictó orden de celebrar una Gran Procesión alrededor de una ciudad claramente amenazada de muerte por la epidemia.

Los fieles, apoyados en la Virgen, sacaron en procesión las reliquias de sus santos patronos, sacando de la Catedral los huesos de San Eleuterio y otros santos. La súplica que tuvo lugar en la procesión fue escuchada, y la plaga se apaciguó a raíz de aquel día. El obispo Radbod renovó este gesto cada año como símbolo de agradecimiento a Dios.

La Gran Procesión de Tournai se celebra todos los años desde, ni más ni menos, que el año 1092, a excepción del año 1566, cuando los protestantes causaron graves daños en los símbolos religiosos. Cada segundo domingo de septiembre la procesión despliega su magnífico repertorio histórico en las calles de la ciudad de los cinco campanarios.

La procesión se divide en tres partes claramente diferenciadas en su cortejo. La primera parte destaca por ricos trajes y preciosos relicarios y estatuas de los santos patronos de la ciudad. Son obras producidas por los orfebres de Tournai a lo largo de los siglos, estatuas de madera policromada, expuestas a la incesante devoción de los fieles. La platería y las estatuas de Tournai siempre han alcanzado una gran reputación. Las sedas brillantes y los terciopelos de los portadores se suma al alegre colorido de la comitiva.

La segunda parte del cortejo acoge la devoción mariana que ha vivido en Tournai durante más de diez siglos. Quince estatuas de la Virgen son mostradas al público en medio de un gran conjunto de flores. La más antigua, que data del siglo XV, es la de Nuestra Señora de la Santísima Muerte, de la Iglesia de San Nicolás. La más reciente es la de Nuestra Señora de Fátima, que sustituyó a la Virgen del Rosario destruida en 1940.

En la tercera y última parte del cortejo se halla el prestigioso grupo conocido como la Catedral. Los pequeños santuarios de Nuestra Señora y San Eleuterio son las principales riquezas de esta parte de la procesión, junto con el Relicario de la Cruz del siglo XIII, o la estatua de Nuestra Señora de la Brune de 1568.

La nobleza de los trajes, el impecable orden de los grupos, la belleza de las obras de arte presentadas y la devoción de la gente hacen de esta procesión uno de los eventos más importantes de Bélgica, y un acontecimiento muy esperado y fundamental en la vida de Tournai.

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