Balduino I de Bélgica, rey de los belgas

Balduino y Fabiola

En julio de 1993 el rey Balduino I de Bélgica, de 62 años, veraneaba tranquilamente en su residencia granadina de Villa Astrida, en Playa Granada, Motril. Nada hacía presagiar que el día 31 sufriría un ataque cardíaco que acabaría con su vida, llenando de consternación a todo el pueblo belga.

Balduino había nacido en Laeken, Bruselas, el 7 de septiembre de 1930. Con apenas 21 años se convirtió en el quinto rey de los belgas, cuando su padre Leopoldo III, abdicó en él. Balduino no tuvo descendencia, de ahí que fuera su hermano menor, Alberto II, el que tomara el trono a su muerte en 1993.

La infancia de Balduino no fue nada sencilla, ya que su madre, Astrid de Suecia, fallecía de un accidente automovilístico cuando el pequeño apenas contaba con cinco años. Para más inri, en 1940 Bélgica es invadida por el ejército nazi y toda su familia es recluida en el Castillo de Ciergnon.

Tras ser deportado con toda su familia a suelo alemán, al acabar la guerra marcha hacia el exilio de Suiza, pues el parlamento belga había declarado a su padre Leopoldo incapaz para reinar tras haberse rendido al ejército alemán en 1940. Diez años más tarde el Estado devuelve la Corona a su padre.

Sin embargo estos terribles episodios de la vida forjan la personalidad de un Balduino quien, con cuyo reinado, Bélgica vivirá años de prosperidad. En 1950, su padre Leopoldo III abdica en la persona de su hijo, quien rápidamente se pone manos a la obra para construir una Bélgica mejor.

En primer lugar unifica las provincias separatistas valonas y flamencas, más tarde concede la independencia al Congo y, poco a poco, convierte al país belga en una de las principales referencias europeas. Precisamente durante su reinado es cuando Bruselas se convierte en la sede de la Unión Europea que hoy en día conocemos.

El 15 de diciembre de 1960 contrae matrimonio con Fabiola de Mora y Aragón, un enlace que no le daría descendencia, algo que ya supieron seis años después de casarse.

Desde entonces el pueblo belga muestra una gran estima para con su rey, especialmente por su lealtad a la corona y su coherencia de vida. Hombre de profundas ideas religiosas, llega incluso a renunciar a la soberanía de su país en 1990 al negarse a firmar el decreto sobre el aborto aprobado en el Parlamento belga.

Los belgas siguen viendo en él un modelo de vida, un hombre coherente que tuvo una infancia difícil pero que supo reconducir los designios de su país con un gran corazón.

Foto Vía Escuelapedia

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