Cervezas belgas, arte y tradición

Chimay

Hace poco tuve la gran suerte de visitar en mi ciudad una cervecería que acababa de abrir sus puertas, ofreciendo una amplia variedad de cervezas belgas, que me recordó mi viaje por aquellas tierras. Allí sí que los amantes de esta bebida podríais disfrutar con enorme gusto, ante la grandísima y extensa variedad de cervezas disponibles.

Las cervezas trapenses son quizás las más conocidas, elaboradas por los monjes trapenses en sus propios monasterios. Precisamente, el nombre de estas cervezas proviene del monasterio en el que son realizadas, como Chimay, Wesvleteren, Westmalle, Achel, Orval y Rochefort. Estas cervezas, por lo general, suelen ser fuertes, con una gama de alcohol que oscila entre los 7,5 y los 9 grados. A pesar de todo, su sabor dulce y frutal hace que sin duda sea una de las cervezas favoritas en todo el mundo.

Las cervezas que se elaboran en las abadías son muy similares a las trapenses. La única diferencia es que las de la abadía no las realizan directamente los monjes, sino las empresas cerveceras que trabajan para los monasterios. Muchos estamos familiarizados con las Leffe y las Grimbergen, pero vale la pena buscar otros nombres menos conocidos, como Karmeliet, Watou y Maredsous.

Un sabor muy diferente es la experiencia que nos ofrece la comúnmente conocida en Bélgica como las witbier o cerveza de trigo. Este estilo casi se extinguió en 1960, pero gracias a Dios, y sobre todo a la empresa cervecera Pierr Celis, revivió. El trigo, así como la cebada, se utiliza para crear un color pálido y refrescante a la cerveza. Semillas de cilantro y cáscara de naranja, y en ocasiones hierbas aromáticas, se añaden a la bebida para darle un sabor picante. La cerveza Hoegaarden es la más conocida de esta gama, pero debéis buscar por cielo y tierra la Blanche de Namur y la Watou Wit. Recompensa: la gloria.

Petrus Oud Bruin

El estilo lámbico de las cervezas tiene o grandes admiradores o grandes detractores. Este tipo de cervezas son fermentadas espontáneamente. En lugar de añadir la levadura, se deja que la cerveza se extienda por sí sola en torno a una enorme fuente. Las levaduras que puedan existir en el aire son las que se utilizan simplemente. El sabor de estas cervezas suele ser agrio, aunque a veces llevan un regusto a grosella. Una variante del estilo lámbico es el que se conoce como “faro”, que se realiza mediante la adición de azúcar moreno y caramelo a la cerveza. La mejor cerveza de este estilo es la Cantillon, que se elabora en Bruselas.

Las típicas cervezas flamencas rojas y marrones también tienen una sugerente mezcla de dulce y agrio. La roja Rodenbach es un excelente ejemplo, que obtiene su sabor especialmente de la malta tostada y una larga maduración en barricas de roble, así como una levadura especial. Esta cerveza se deja madurar durante un año , y para algunos se trata de la mejor cerveza belga, tan compleja y afrutada como un buen vino. Si queréis probar el verdadero sabor de esta cerveza, pedid la Petrus Oud Bruin.

Cuando compremos cerveza belga para beberla en casa, podemos usar el vaso que queramos. Pero, si la bebemos en un bar, fijaros cómo cada cerveza tiene su vaso especial. Algunos en forma de globo, otros de copa grande, algunas se sirven en jarra, alargadas, y otras aún se sirven en los clásicos alambiques medievales.

Y es que, para algunos amantes empedernidos de la cerveza belga, son estos vasos los que le dan el sabor especial a cada cerveza. Cuenta la rica tradición cervecera que muchos de los bebedores de cerveza logran adivinar el sabor que tendrá sólo con ver el vaso en el que se las han servido.

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