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Decidir qué ver en Bruselas no consiste únicamente en hacer una lista con sus monumentos más conocidos. Después de haber visitado la capital belga en varias ocasiones, creo que es una ciudad que se disfruta mucho más cuando se recorre por zonas, caminando y dejando tiempo para desviarse por alguna calle, entrar en unas galerías o simplemente sentarse un rato en uno de sus jardines.
Y si tuviera que elegir un lugar por encima de todos, no tendría ninguna duda: empezaría por la Grand Place. El centro histórico concentra buena parte de lo mejor de Bruselas y es donde más tiempo recomiendo dedicar. A partir de ahí hay otros recorridos que merecen mucho la pena, especialmente el que une el Mont des Arts con el barrio de Les Marolles, pasando por el Palacio Real y los jardines del Petit Sablon. Más alejados quedan el Atomium y Laeken, así como el barrio europeo y el parque del Cincuentenario.
Esta es mi selección de los lugares que ver en Bruselas y que considero más interesantes después de haberla recorrido varias veces, pero también una propuesta para visitarlos con cierto orden y no limitarse a ir tachando monumentos de una lista.
La Grand Place merece ser el punto de partida de cualquier visita a Bruselas. Puedes haber visto decenas de fotografías antes de llegar, pero encontrarte por primera vez en mitad de la plaza sigue impresionando.
Está completamente rodeada por edificios históricos de fachadas extraordinariamente ornamentadas. Entre ellos destaca el Ayuntamiento de Bruselas, con su enorme torre gótica, pero sería un error fijarse únicamente en él. Merece la pena recorrer lentamente todo el perímetro y observar las antiguas casas gremiales, cada una con sus esculturas, símbolos y detalles. Frente al Ayuntamiento se encuentra la Maison du Roi o Casa del Rey, que actualmente alberga el Museo de la Ciudad de Bruselas.
Mi consejo es sencillo: no pases por la Grand Place una sola vez. Regresa en diferentes momentos del día. La iluminación y el ambiente cambian bastante y, cuando cae la noche y las fachadas se iluminan, la plaza adquiere otro aspecto.
Además, cada dos años durante el mes de agosto la Grand Place sirve de escenario para una de las imágenes más conocidas de Bruselas: su enorme alfombra de flores.
– Más información: la Grand Place de Bruselas.
A pocos minutos andando de la Grand Place se encuentran las Galerías Reales Saint-Hubert, otro de esos lugares por los que siempre termino pasando cuando estoy en el centro de Bruselas.
Inauguradas en el siglo XIX, están cubiertas por una gran bóveda acristalada y reúnen tiendas, chocolaterías, cafés y establecimientos históricos. Más allá de entrar o no en sus comercios, merece la pena recorrerlas simplemente por su arquitectura y por el ambiente que tienen. Además, constituyen un excelente punto de paso entre diferentes zonas del casco histórico.
Y si te gusta el chocolate belga, aquí será difícil resistirse a mirar algún escaparate.
– Más información: las Galerías Saint-Hubert.
Una de las pequeñas diversiones que recomiendo en el centro es buscar las tres famosas esculturas relacionadas con una de las obsesiones más curiosas de Bruselas: personajes haciendo pis.
La primera es inevitable: el Manneken Pis.
El Manneken Pis es uno de los símbolos de Bruselas y probablemente también una de las mayores sorpresas para quien lo ve por primera vez. Porque es pequeño. Muy pequeño. La diminuta estatua de bronce representa a un niño orinando sobre una fuente y se encuentra a pocos minutos de la Grand Place. Su fama es desproporcionadamente mayor que su tamaño, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. En determinadas fechas lo visten con alguno de los numerosos trajes de su colección.
– Más información: el Manneken Pis.

Manneken Pis disfrazado
La segunda es la Jeanneke Pis.
Mucho menos antigua es Jeanneke Pis, la versión femenina del Manneken Pis. Está situada en un pequeño callejón cerca de las Galerías Saint-Hubert y representa a una niña agachada orinando. Su ubicación, algo más escondida, hace que encontrarla resulte más divertido que simplemente seguir la corriente de turistas que conduce al Manneken Pis.
– Más información: la Jeanneke Pis.
La tercera es el Zinneke Pis.
Y todavía falta un miembro de esta peculiar familia. Zinneke Pis es un perro levantando la pata contra un poste. En este caso ni siquiera se trata de una fuente.
– Más información: el Zinneke Pis.
No considero ninguna de las tres esculturas una razón por sí sola para viajar a Bruselas, evidentemente, pero buscarlas mientras recorres el centro histórico es una forma entretenida de conocer algunas calles por las que quizá no pasarías de otro modo.
Muy cerca de la Grand Place, bajo las arcadas de la Maison de l’Étoile, encontrarás la figura reclinada de Everard t’Serclaes.
Fue un personaje relacionado con uno de los episodios históricos de la Bruselas medieval y actualmente su monumento está rodeado por una conocida tradición popular. Según se cuenta, tocar determinadas partes de la escultura trae suerte y garantiza el regreso a Bruselas.
Creas o no en estas tradiciones, es uno de esos pequeños lugares que forman parte del recorrido por el centro y que fácilmente pasarían desapercibidos si nadie te cuenta qué estás viendo.
– Para saber más: Everard t’Serclaes.
Aunque la Grand Place acapara gran parte de la atención, Bruselas cuenta también con una gran catedral gótica dedicada a San Miguel y Santa Gúdula.
Su construcción se prolongó durante siglos y su fachada, con las dos grandes torres simétricas, recuerda inevitablemente a algunas de las grandes catedrales góticas francesas. Merece la pena entrar y observar especialmente sus vidrieras y la amplitud del interior. Además, su ubicación permite incorporarla fácilmente a un paseo por el centro histórico.
– Para saber más: la Catedral de Bruselas.
Otro de los lugares que recomiendo especialmente es el Mont des Arts. Se encuentra entre la zona baja del centro histórico y el área del Palacio Real, y para mí es uno de los mejores puntos desde los que comenzar otro de los grandes paseos por Bruselas.
Sus jardines geométricos, edificios culturales y perspectivas sobre la ciudad hacen que merezca detenerse aquí un rato. Desde la parte superior se obtiene además una de las vistas urbanas más reconocibles de Bruselas, con la torre del Ayuntamiento sobresaliendo sobre los edificios del centro.
A partir de aquí recomiendo continuar andando hacia el Palacio Real y posteriormente seguir en dirección al Sablon y Les Marolles.
El Palacio Real de Bruselas continúa siendo uno de los edificios institucionales más importantes del país, aunque la familia real belga no reside habitualmente en él. Su gran fachada se extiende frente al Parque de Bruselas, creando uno de los conjuntos monumentales más elegantes de la capital.
Cuando las fechas de apertura lo permiten, es posible visitar determinadas dependencias interiores. Pero incluso aunque esté cerrado, merece la pena acercarse para contemplar el edificio y atravesar posteriormente el parque.
Desde aquí continuaría caminando hacia el Sablon.
– Más información: el Palacio Real de Bruselas.

Palacio Real de Bruselas
Entre tantos edificios monumentales hay un rincón al que tengo especial cariño: el Petit Sablon. Es un pequeño jardín situado frente a la iglesia de Notre-Dame du Sablon y, precisamente por sus dimensiones, resulta mucho más íntimo que otros parques de Bruselas. Está cuidadosamente diseñado, rodeado por una verja ornamentada y decorado con numerosas esculturas de los antiguos gremios.
Pero mi recomendación aquí no es simplemente entrar, hacer una fotografía y continuar. Si tienes tiempo, siéntate. Descansa unos minutos, observa el jardín y disfruta de esa pequeña pausa. En mis visitas a Bruselas he comprobado que estos momentos terminan formando parte del recuerdo del viaje tanto como algunos de los monumentos más famosos.
- Más información: el Petit Sablon.

Plaza del Petit Sablon
Muy cerca se encuentra la plaza del Grand Sablon, rodeada de establecimientos, chocolaterías y anticuarios. Presidiendo esta zona está la iglesia de Notre-Dame du Sablon, uno de los grandes ejemplos del gótico de Brabante en Bruselas.
Todo este barrio invita a caminar sin demasiada prisa antes de continuar hacia uno de los edificios más monumentales de la ciudad.
El enorme Palacio de Justicia domina esta parte de Bruselas desde una posición elevada. Sus dimensiones son extraordinarias y su gran cúpula forma parte del perfil urbano de la ciudad. Desde los alrededores del edificio se obtienen además buenas vistas sobre la zona baja de Bruselas.
Desde aquí recomiendo continuar hacia Les Marolles, un barrio que permite conocer una Bruselas bastante diferente a la monumental Grand Place o al elegante Sablon. Su lugar más conocido es la Place du Jeu de Balle, donde se celebra el popular mercado de las pulgas.
Pero más que buscar un monumento concreto, Les Marolles merece la pena por sus calles, sus comercios y un ambiente bastante más cotidiano.
Es imposible escribir una guía sobre qué ver en Bruselas y dejar fuera el Atomium. Construido para la Exposición Universal de Bruselas de 1958, representa un cristal de hierro aumentado miles de millones de veces y se ha convertido en una de las imágenes internacionales de la ciudad.
Ahora bien, personalmente no considero que sea uno de los lugares más bonitos de Bruselas. Es peculiar, diferente y tiene una enorme importancia como símbolo de la ciudad. Por eso creo que merece la pena conocerlo, especialmente en una primera visita, pero si tuviera que elegir entre dedicar más tiempo al centro histórico o desplazarse únicamente para ver el Atomium, me quedaría claramente con el centro.
Algunas de sus esferas pueden visitarse y están comunicadas mediante tubos con escaleras mecánicas. Desde la parte superior se obtienen vistas de Bruselas y del entorno de Laeken.
- Más información: el Atomium de Bruselas.

Lugares que ver en Bruselas: Atomium
Justo al lado del Atomium se encuentra Mini-Europe, y esta es una visita que personalmente recomiendo mucho.
El parque reproduce a escala centenares de edificios y monumentos representativos de diferentes países europeos. No se limita a colocar pequeñas maquetas unas junto a otras. Hay escenas, elementos móviles y numerosos detalles que hacen bastante entretenido recorrerlo.
Es especialmente recomendable si viajas con niños, aunque creo que también resulta divertido para adultos. Además, la presencia del enorme Atomium detrás de algunas reproducciones crea perspectivas bastante curiosas.
Si ya has hecho el desplazamiento hasta esta zona de Bruselas, combinar Atomium y Mini-Europe tiene mucho más sentido que visitar únicamente el primero.
- Para saber más: visita al Mini-Europe.
Después puedes aprovechar para conocer el entorno de Laeken. Es una zona mucho más verde y tranquila, alejada del ambiente turístico del centro histórico. Sus grandes espacios ajardinados permiten descansar después de visitar el Atomium y Mini-Europe.
En este sector de Bruselas se encuentran también el Palacio Real de Laeken y los famosos Invernaderos Reales, aunque estos últimos únicamente abren al público durante un periodo limitado del año.
- Más información: Paseo por el parque Laeken.
Bruselas es una de las grandes capitales políticas de Europa y buena parte de las instituciones comunitarias se concentran en el denominado barrio europeo. Aquí se encuentran edificios como el Parlamento Europeo y otras instituciones de la Unión Europea.
Desde un punto de vista monumental no es la zona de Bruselas que personalmente priorizaría frente al centro histórico, pero tiene evidente interés para comprender el papel que desempeña la ciudad en Europa. Además, podemos aprovechar la visita para continuar hacia un lugar que sí recomiendo especialmente.
El Parque del Cincuentenario es uno de los grandes espacios monumentales de Bruselas. Fue creado con motivo del cincuenta aniversario de la independencia de Bélgica y está presidido por el impresionante conjunto formado por sus grandes pabellones y el arco monumental.
La amplitud del parque permite pasear tranquilamente y contemplar el conjunto desde diferentes perspectivas. Si el tiempo acompaña, merece la pena reservar un rato para recorrerlo sin limitarse a atravesarlo de camino hacia los museos.
Uno de mis consejos en esta zona es subir a la parte superior del Arco del Cincuentenario. Desde arriba se obtiene una magnífica perspectiva del parque y de esta parte de Bruselas.
Es una experiencia que muchas personas pasan por alto porque se conforman con fotografiar el arco desde los jardines, pero si tienes oportunidad de subir, merece la pena.
- Más información: el Arco del Cincuentenario de Bruselas.

Arco del Cincuentenario
En uno de los grandes edificios del complejo del Cincuentenario se encuentra el Museo de Arte e Historia. Sus colecciones permiten realizar un recorrido enorme por diferentes civilizaciones y periodos históricos, desde la Antigüedad hasta épocas mucho más recientes.
Es una visita especialmente recomendable para quienes disfruten de la arqueología y la historia, aunque conviene disponer de tiempo porque sus colecciones son extensas.
También junto al parque se encuentra Autoworld, una de las visitas más interesantes de Bruselas para aficionados al automóvil.
El museo reúne una amplia colección de vehículos históricos que permite recorrer la evolución del automóvil desde sus primeros tiempos hasta modelos mucho más modernos. Incluso aunque no seas especialmente aficionado a los coches, el propio espacio donde se encuentra instalada la colección resulta espectacular.
- Para saber más: el museo automovilístico Autoworld.
De regreso al centro merece la pena recorrer también el entorno de la Bolsa de Bruselas. Desde aquí puedes continuar hacia Sainte-Catherine, una zona especialmente agradable para pasear y buscar algún lugar donde comer o tomar algo.
Es otra Bruselas distinta a la de los grandes monumentos y puede servir perfectamente para terminar una jornada por la ciudad.
Después de varias visitas, creo que uno de los errores que se pueden cometer en Bruselas es intentar conectar todos estos lugares siguiendo simplemente el orden de una lista.
Las distancias engañan y algunos puntos están bastante alejados del centro. Por eso recomiendo dividir la visita en las cuatro grandes zonas mencionadas.
La última zona mencionada sobre lo que ver en Bruselas, la de la Bolsa y Sainte Catherine, la dejaría o bien para cuando estés por el centro histórico (llegas a pie en 10 minutos) o bien, dada que es una buena zona para probar la gastronomía belga, ir a cenar.
Con un único día no intentaría abarcar toda la ciudad. Me concentraría en el centro histórico, comenzando temprano en la Grand Place y recorriendo las Galerías Saint-Hubert, las tres estatuas, la Catedral y las calles próximas. Después subiría hacia Mont des Arts y continuaría hasta el Palacio Real, Petit Sablon, el Palacio de Justicia y Les Marolles.
Creo que este recorrido ofrece una imagen mucho más completa y atractiva de Bruselas que sacrificar varias horas para desplazarse al Atomium simplemente porque sea uno de sus símbolos más famosos.
Con dos días ya podemos dedicar la primera jornada al recorrido anterior y utilizar la segunda para conocer otras zonas y descubrir otros lugares que ver en Bruselas. Aquí elegiría entre Atomium, Mini-Europe y Laeken por un lado, o barrio europeo y Cincuentenario por otro, dependiendo de tus intereses.
Si viajas en familia, Mini-Europe puede hacer especialmente atractiva la primera opción. Si prefieres historia, arquitectura y museos, elegiría el Cincuentenario.
- Ampliación: Bruselas en dos días.
Tres días permiten conocer Bruselas con bastante más tranquilidad. Además del centro histórico y del recorrido entre Mont des Arts y Les Marolles, ya puedes dedicar tiempo tanto al Atomium y Mini-Europe como al barrio europeo y el Parque del Cincuentenario. Y, sobre todo, puedes permitirte algo que considero importante en Bruselas: dejar de mirar el reloj constantemente.
Volver a pasar por la Grand Place, sentarte un rato en Petit Sablon, entrar en una chocolatería, probar una cerveza belga o desviarte por una calle que simplemente te haya llamado la atención.
Después de haber visitado Bruselas varias veces, sigo pensando que sus mejores recuerdos no están necesariamente en los lugares más famosos. El Atomium es uno de sus grandes símbolos y probablemente todos querremos verlo en nuestro primer viaje, pero si tuviera que quedarme con una imagen de la ciudad sería otra muy distinta: entrar caminando en la Grand Place y encontrarte rodeado por aquellas fachadas.
Y desde allí, sencillamente, empezar a caminar.