La estatua de Everard’t Serclaes, en Bruselas

La estatua de Everard

Es un detalle mínimo, pero que no pasa desapercibido. En una de las esquinas de la calle Charles Buls que desemboca en la Grande Place hay ubicada una pequeña estatua de bronce que recuerda a Everard ‘t Serclaes, héroe belga que recuperó el poder de Bruselas -y los derechos de sus ciudadanos- en una exitosa campaña militar que enfrentó a las tropas flamencas.

A toda hora hay gente tomando fotografías y tocando la escultura incrustada en la pared. Para muchos, la imagen de Sercales es símbolo de valentía e independencia, pero también, según una leyenda popular, funciona como un amuleto: si se le toca un brazo trae suerte, si se pasa la mano desde la cabeza a los pies ayuda a contraer matrimonio, y de los pies a la cabeza, por el contrario, ayuda a separarse de la actual pareja.

Es tal la cantidad de gente que día a día toca la pieza de bronce que ya presenta un atractivo desgaste.

La historia del héroe bruselense es cruel y agitada. Al fallecer el rey Juan III de Brabant, el conde de Flandes, Lous de Male, exigió su derecho a suceder el trono. El pedido fue denegado porque la junta de gobierno de la ciudad únicamente reconocía a la hija del rey, Joanna, y a su esposo Wenceslao, como los herederos legítimos. No hubo discusiones, el noble flamenco tomó el poder a fuerza de espadas y sangre.

Pero duró poco. La célebre noche del 24 de octubre de 1356, Serclaes, acompañado por un numeroso grupo de patriotas que apoyaban a Juan III, trepó los muros de la ciudad y enfrentó a los soldados de Lous de Male. Fue una batalla dura que finalizó con la expulsión de los flamencos de Bruselas. Joanna y Wenceslao finalmente fueron proclamados monarcas.

Desde entonces, Everard’t Serclaes se convirtió en una figura respetada en la ciudad, fue nombrado en cinco oportunidades concejal y contaba con el apoyo popular. Sus constantes ataques a la clase alta le costaron la vida. El 31 de marzo 1388 fue asesinado a sangre fría por oponerse a las medidas que empujaba el Señor de Gaasbek. Como represalia las tropas de la ciudad destruyeron el castillo del aristócrata.

La pequeña escultura que decora la esquina de la calle Charles Buls lo recuerda en su lecho de muerte, con el rostro semi cubierto y la mirada perdida.

Foto vía: minube

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